miércoles, marzo 07, 2007

Cuando conocí a Gabo

Por estos días de gabomanía – estoy seguro que ésta palabra no aparecerá en el Nuevo Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española – he recordado con cierta decepción la ocasión en la que conocí a Gabriel García Márquez.

Fue hace poco más de un año en la primera versión del Hay Festival en Cartagena. Yo estaba desprevenido, en uno de los balcones del majestuoso Teatro Heredia. Durante los días previos era rumor conocido por todos los asistentes que Gabo acudiría a uno de los conversatorios. El rumor se hizo realidad justo en el balcón contiguo al que yo estaba.

Metido en uno de esos trajes que se usan en la costa, de tela suave y vaporosa color mostaza y guiado por unos anteojos grandes y de marco grueso, se sentó acompañado de dos mujeres que pronto empezaron a hacer malacara cuando la gente se agolpó para saludarlo, pedirle autógrafos y tomarle fotos. Él accedía con discreta amabilidad, que luego se tornó en repulsión y acompañó de la frase: “Esto me lo busqué yo”; no resistió más y decidió esfumarse en compañía de sus también chocantes acompañantes.

Desde ese momento la imagen que tenía del Gabo Nobel, del maestro y del que creía que su humanidad era comparable con sus éxitos se desmoronó como fichas de dominó.

A los pocos días del Hay Festival, una amiga de Bucaramanga, me envió unas fotos del evento y entre ellas una muy simpática de la cual me indicaba que tuviera mucha discreción.

En ella, aparecía el premio Nobel saliendo de un bar en Cartagena - según me contó la paparazzi fue pasada la media noche - ya no era guiado por los anteojos grandes y de marco grueso sino por dos mujeres que lo sostenían a lado y lado.

No puedo colgar la imagen porque la perdí en una ocasión que alguien usurpó mi correo electrónico y luego mandar mensajes insultantes a algunos de mis contactos, decidió, no contento con el daño ya hecho, borrar todos los mensajes recibidos y entre ellos el de la foto en cuestión, la del Gabo cual adolescente saliendo tambaleante de una bar en la heroica.

Al final esto me hizo pensar que hay personas que no hace falta conocerlas en carne y hueso. Basta con leer sus libros o ver sus fotografías para crearse una imagen de ellas. Una imagen propia del realismo mágico.

martes, noviembre 21, 2006

Para volver a quitarse el sombrero


Por Raúl Ignacio Mesa Villegas
nachomesa1@gmail.com

Comparable con la sensación de un niño que espera con ansias su regalo de navidad, es lo que siente un cinéfilo cuando Pedro Almodóvar anuncia el estreno de su nueva película.

Hablar del cine de Almodóvar es hablar de un cine cálido, con historias a veces complejas pero siempre cotidianas. Es realmente un cine con voz propia, un verdadero y sincero cine de autor.

En esta ocasión nos regala Volver - digo regala porque eso es lo que son sus películas, maravillosos obsequios – una cinta que da cuenta de su madurez, de la capacidad que tiene para reinventarse, aún cuando uno puede llegar a pensar que ya no lo puede hacer mejor.

Volver es una historia que se mueve entre lo costumbrista de su tierra Machenga, lo intensa humanidad de unos personajes y un desbordante realismo mágico, al mejor estilo del boom latinoamericano, con el propósito de hablar de mujeres, de muerte, de supersticiones, de recuerdos y de retazos de la vida cotidiana.

Volver

Lo primero que quiero rescatar de esta película es la vuelta de Almodóvar al universo femenino, aspecto que sin duda alguna ha definido su cine pero que tenía un poco olvidado en sus últimas películas. La Mala Educación fue una película de personajes masculinos aunque con mucho de feminidad. Este retorno lo hace con la complicidad de un reparto de lujo: Penélope Cruz, simplemente impactante; Carmen Maura, un retorno magistral; Lola Dueñas, pura experiencia; y Blanca Portillo y Yohana Cobo con un excelente debut.

Volver es un verdadero homenaje a las mujeres, a su fortaleza para aguantar las situaciones más duras, a su condición natural de solidaridad y al inmenso amor que son capaces de dar a los suyos. Es al mismo tiempo la resignificación que el director hace del papel de la mujer en la sociedad, en la construcción de familia, de hogar, de barrio y de comunidad.

También, muchos críticos rescatan el regreso de su autor al género de la comedia y por escenas como en la que Sole trata de ocultarle a Raimunda la presencia de su madre en la casa o en la que Raimunda por un especial olor se percata de la presencia de su madre y la situación que esto genera, hacen pensar que nunca lo hubiera abandonado.

Aquí otra característica definitoria de Almodóvar: el humor suelto, cotidiano y contundente, sin necesidad de abusar de expresiones vulgares – una gran lección para los realizadores colombianos -. Debo agregar que es una comedia dramática, donde las risas y las lágrimas van y bien y eso también lo experimenta el espectador en la oscuridad de la sala de cine.

Otros elementos que hacen ya parte de la marca Almodóvar y que hacen presencia en Volver son el uso dramático y expresivo de la música, el cuidado y elocuencia de sus planos, el relato perfectamente armado y unos diálogos honestos e ingeniosos.

De recuerdos

Cuando Almodóvar añade esos retazos personales, íntimos y autobiográficos a sus películas es cuando surge su mejor cine.

Ese viaje al interior de sus recuerdos de infancia, de la vida en su pueblo, de los patios inmensos llenos de materas y flores, de las cocinas como el lugar de reunión de las mujeres y el espacio propicio para contar sus historias, unidos a la capacidad innata de Almodóvar de escuchar y recordarlos para luego armar una historia con este material, es lo verdaderamente valioso y profundo de su cine.

Lo ha hecho ya en películas como Todo sobre mi madre, Hable con ella, La Mala Educación y ahora lo repite magistralmente en Volver. Esa es su mejor materia prima: sus recuerdos, sus miedos, sus alegrías, sus sentimientos… su familia.

He aquí otra invitación a los realizadores colombianos a esculcar en sus familias, sus personajes cercanos y sus recuerdos de infancia las nuevas historias del cine colombiano.

Relación con la cultura antioqueña

Dice un proverbio portugués: Quem conhece o seu povo conhece o mundo todo (El que conoce a su pueblo conoce el mundo entero). Y como conocer tiene la misma raíz que narrar, Pedro Almodóvar es un narrador de su pueblo y al mismo tiempo del mundo, de nuestros tiempos.

Es desde esa particularidad, desde sus más profundos recuerdos e intimidades familiares que las historias y narraciones de su cine se vuelven universales y hacen que un espectador lejano encuentre en sus películas – y particularmente en Volver – una identificación y relación con su cultura.

Viendo la película no puedo dejar de acordarme del la novela de Tomás Carrasquilla Entrañas de Niño, donde se identifica que el mito fundacional de la cultura antioqueña es España. Esa relación con la muerte, con las ánimas, los espíritus y esa ánimo de superstición entre la gente que presenta Almodóvar en la película son también aspectos muy propios de la cultura antioqueña.

Por ejemplo, cuando la madre le dice a Raimunda: “Lo bueno de estos pueblos es que son muy supersticiosos”, no sólo se está refiriendo a los españoles sino que también podrían ser, fácilmente, los antioqueños. Y si no, cómo explicar que en pleno siglo XXI un hombre tenga por costumbre, en las noches de noviembre, cuado el reloj marca las doce de la noche, abrir el cementerio, recorrerlo despacio llevando una capa encima y una campanita que hace sonar mientras dice sin cesar: “un padrenuestro por las benditas ánimas del purgatorio por amor a Dios”, y de esta manera recorre las calles de todo un municipio.

Dice el padre Humberto Restrepo, en su libro La Religión de la Antigua Antioquia, que se identifica el mito de las ánimas con la presencia de la muerte y se legitima la herencia española venida propiamente de Galicia, que fue llamado el país de las benditas ánimas.

Qué decir de las veces que un titular de noticiero anuncia la aparición de la imagen de la Virgen María en un buñuelo, la de Jesucristo en una pared o en un tronco de un árbol. ¿Se puede pedir más superstición?

La diferencia con la historia de Almodóvar y a lo que nos enfrenta es con algo que en la vida real nunca ha pasado y es si esos cuentos de ánimas en pena y espantos que caminan en las tinieblas se vuelvan verosímiles.

Almodóvar, para construir sus historias, se hace una pregunta clave para darle rienda suelta a la imaginación tanto en la literatura como en el cine: ¿Qué pasaría sí…? A partir de esto y de otros ingredientes, seguramente reales, es que nacen sus espléndidas películas.

Otro aspecto de Volver que se reproduce en nuestra cultura es lo que representa el personaje de Agustina, interpretado por Blanca Portillo: la importancia de la vecindad. Eso es algo muy particular de nuestra cultura, esa solidaridad para tomar los problemas del otro como propios, de brindarle compañía y ayuda. Aunque también es un arma de doble filo porque así como se puede dar una relación de armonía también puede ser de odio y conflicto.

Para volver a escuchar

¿Qué sería de esta película sin la música? Difícil concebirlo. Otro de los aciertos de es la presencia dramática y contundente de la música. Además de darle el título a la cinta, el tango Volver, interpretado originalmente por Gardel, ahora en ritmo de bulería en la voz espléndida de Estrella Morente adquiere un aire de exquisitez y estilización.

Además, sirve para crear una de las escenas más hermosas y para nunca olvidar de la película, cuando Raimunda canta en el restaurante y su madre la escucha escondida en el carro. ¡Cómo no estremecerse!

Finalmente, después de deleitarse con Volver, un intenso retazo de la vida real, al espectador no le queda más que esperar con ansias la próxima entrega de Almodóvar y, así como decía la poetiza Emlily Dickinson, quitarse el sombrero.

jueves, octubre 26, 2006

Como anillo al dedo


Texto escrito a partir de la lectura de los doce principios para una nueva ética profesional del intelectual de Karl Popper

Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com


Hace poco escuché una definición bien curiosa de periodista: periodista es el único ignorante que se le permite aprender en público. Me reí con ironía y al mismo tiempo con cierta rabia porque lo sentí como una ofensa. Pero leyendo los planteamientos de Kart Popper creo comprender el sentido de tal definición.

El periodista (también puede ser columnista) es un ignorante porque nunca tiene la verdad absoluta sobre las cosas. Su conocimiento no es completo. Siempre está buscando las partes para completarlo y, en ésta tarea, es tanto con lo que se encuentra (fuentes, temas, posiciones, argumentos, versiones, historias) que por más que busque siempre le faltará algo por conocer, es decir, convivirá siempre con una dosis de ignorancia que se convierte en su motor, en ese impulso de curiosidad por llegar hasta el fondo de los asuntos.

Esa búsqueda es un proceso de aprendizaje. Que sea en público es porque así son las condiciones de trabajo. Pero es la oportunidad de que se dé eso que Popper llama la critica y la autocrítica: la primera, de los que nos leen, nos escuchan y que encuentran errores en nuestro trabajo que nos ayudarán a mejorarlo y a entender las razones del otro y, la segunda, en adquirir esa capacidad de reconocer y aceptar las equivocaciones, aprender de ellas y no usarlas como escudos de protección, sino como experiencia y bagaje para no volver a actuar erróneamente.

Como diría David Puttnam, el reconocido productor de cine, más que perfeccionismo, todo es susceptible de ser mejorado. Ese es otro de los aportes de los que nos habla el filósofo austriaco Kart Popper, el error como posibilitador de perfeccionamiento de nuestras acciones.

Finalmente para el ejercicio periodístico, el ejercicio libre, autónomo y responsable de opinar y argumentar, los planteamientos de Popper, que serían un error no tenerlos en cuenta, nos caen como anillo al dedo.

martes, octubre 24, 2006

Indígenas, tristeza y muerte

Mow Be, líder de los Nukak Makú (Q.E.P.D)

Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com

Me permito tomar este título de un artículo publicado por la revista SEMANA donde informa sobre el suicidio del interlocutor de la tribu Nukak Makú, Mow be. Y éste “robo” no es porque no tuviera otro más para darle a esta columna sino porque, lamentablemente, es el que mejor define la situación en que viven muchas de las comunidades indígenas en el país. El ejemplo perfecto es por las que pasan hoy los Nukak.

El suicidio de Mow be, el líder de la última tribu nómada de Colombia, al no poder encontrar una solución rápida y efectiva a la situación de desplazamiento por la que está atravesando su pueblo, que ahora se encuentra concentrado en un casco urbano de San José del Guaviare contrario a la tradición de caminantes que anida en sus espíritus, es una muestra de la magnitud de la angustia, el desespero y el abandono de las comunidades indígenas. La responsabilidad histórica es del Estado y, de alguna forma, del país, que siempre ha mirado con desgano e indiferencia a esta población.

Me pregunto si cuando salen noticias que dicen que Colombia es uno de los países más felices del mundo, estarán contando con la opinión y la situación de los indígenas. Porque si es así, estas informaciones no son más que datos estúpidos y desdibujados de la realidad.

Si alguna población ha sufrido, padecido y aguantado la crueldad de la guerra, el acoso y la persecución de los grupos armados, el olvido estatal y la falta de atención a sus necesidades y problemáticas han sido los indígenas que, paradójicamente, son los que le aportan al país la riqueza cultural, la diversidad etnica y ese exotismo de los que muchos se enorgullecen y ufanan.

Me hubiera gustado que el título de éste artículo fuera Indígenas, cultura y diversidad o Indígenas, cultura y tranquilidad, pero lamentablemente éste gusto será esquivo y, sobretodo en la actualidad, casi un imposible.

Por ahora y hasta que nos se tomen las medidas del caso, se reconozcan los derechos de las comunidades indígenas del país, se les escuche sus problemáticas y se les den las garantías para que se desarrollen en su ambiente natural, el título de este artículo seguirá siendo el mismo: Indígenas, tristeza y muerte.

martes, octubre 17, 2006

El "otro" en nosotros

Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com


“Debemos entender que 'el otro' no existe; 'el otro' somos nosotros mismos", respondió Orhan Pamuk al programa de noticias The News Hour cuando estos le preguntaron sobre el mensaje principal de su obra, en una entrevista realizada horas después de que la Academia Sueca de la Lengua le otorgara al escritor turco el Premio Nobel de Literatura 2006.

Sin duda este es un reconocimiento a una voz que se ha alzado desde sus novelas y sus declaraciones por el respeto, la tolerancia y por ser un puente entre la cultura occidental y la oriental, en lugar de “agrandar los abismos interculturales”. Pamuk es productor de esa literatura que plantea una tesis y nos enfrenta con eso que no queremos ver. Esta literatura valiente cumple con lo que decía George Orwell sobre la libertad de expresión: decir lo que la gente no quiere oír.

Así quedó demostrado cuando en febrero de 2005, durante una entrevista con un periódico suizo, el novelista turco pronunció la siguiente frase: “Un millón de armenios y treinta mil kurdos fueron asesinados en estas tierras, y yo soy el único que se atreve a hablar del tema”. Al decir “estas tierras” Pamuk se refería, por supuesto, a Turquía; y el gobierno del país reaccionó invocando el artículo 301/1 del Código Penal y acusando a Pamuk de “denigrar públicamente la identidad turca”. El caso fue desestimado a principios de año, pero el daño ya estaba hecho. Sus referencias al asesinato masivo de armenios bajo el Imperio Otomano, así como al conflicto kurdo en el sureste del país, levantó una ola de protestas en Turquía.

Ese concepto de libertad de expresión definida por Orwell parece que lo tiene muy claro la Academia Sueca de la Lengua que en los últimos años ha exaltado a autores que a través de su literatura dan cuenta de esas cosas que se quieren tapar y olvidar en el mundo: la exclusión y la muerte industrializada (Imre Kertész: 2002), el racismo (J:M. Coetzee: 2003), la posición de la mujer frente al machismo cultural y político (Elfriede Jelinek: 2004) y ahora el genocidio y las relaciones conflictivas entre Oriente y Occidente.

De lo que si poco ha hablado la prensa es que de nuevo este galardón le fue esquivo al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Habrá que esperar que sus declaraciones sobre el nuevo Nobel no sean tan ofensivas y tocadas de envidia como las que pronunció en el 2004 cuando Elfriede Jelinek fue galardonada: “Sólo si se lo merece, leeré a la Nobel”. Porque el nuevo Nobel, si que se lo merece.

miércoles, octubre 11, 2006

Para no morir más en la calle


Por Raúl Ignacio Mesa V.

La muerte, como proceso individual, debe ser lo más privado para un ser humano. Este paso de abandonar lo terrenal no debe convertirse en un espectáculo de carreta, en un motivo de trancón ni mucho menos en romería de curiosos.

En tan sólo cuatro días me ha tocado presenciar la muerte de dos mujeres. Murieron en la calle. ¿Quiénes eran? ¿Tenían familias? ¿Qué hacían? ¿Qué pensaban? ¿Para dónde iban? ¿A quién amaban, a quién odiaban, quién las quería, quién las odiaba? ¿Por qué reían, por qué lloraban? Preguntas que quedan sin respuestas sobre estos seres humanos que pasarán a engrosar la lista de los altos índices de accidentalidad en la ciudad. Y lo más triste es que entre los curiosos que miran desde la ventana de su automóvil o de un bus, son muy pocos los que se pregunta sobre lo indigno de morir en la calle.

La muerte en la calle es una preocupación en la actualidad. Accidentes de tránsito, motociclistas estrellados, peatones atropellados, hacen pensar que salir a la calle es todo un peligro, cuando no debía ser así. Las campañas pedagógicas sobre prevención vial comparadas con las cifras de accidentalidad hacen pensar que los resultados son insuficientes.

La gente olvida manejar con precaución en las carreteras, los motociclistas no aprenden el valor de la prudencia y los peatones prefieren no utilizar los puentes y los cruces adecuados. En fin, todos olvidan, más que campañas y normas, el valor de la vida. Quizás eso sea a lo que deben apuntarles las campañas y todas las medidas que se hagan al respecto.

Dicen que la muerte es lo único que todos lo seres humanos tenemos seguro, pero nadie sabe ni el día ni la hora en que le llegará. Lo que sí deberíamos procurar es que la calle no sea el lugar para morir.

martes, octubre 03, 2006

Que sea lo que Dios quiera


Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com


Cuando a una mujer embarazada se le empieza a notar la barriguita es común que la gente le pregunte qué va a tener: niño o niña. La madre, si ya está en un estado avanzado y se ha practicado ecografías, podrá responder con seguridad a la pregunta. Si no, dirá que no sabe y añadirá: “que sea lo que Dios quiera”.

Esta misma situación le ocurre a la Madre Tierra. En ella se gesta un hijo que, por las ecografías y estudios hechos por la Organización Metereológica Mundial, OMM, y el Ideam en el país, ya sabemos que será "Niño" y que vendrá con llantos (lluvias) y fiebres (sequías), aunque todavía no sepamos a ciencia cierta con qué intensidad.

Cuando la madre sabe qué espera, ella prepara todo de acuerdo a si es niño o niña. Es más, si ya éste es su segundo o tercer hijo, puede prever con más facilidad y tranquilidad las medidas que debe tomar para sufrir los menos traumatismos posibles. Estar preparados también es el lema de las personas que acompañan a la futura madre.

Colombia y países como Ecuador, Perú y Brasil, ya deben saber muy bien lo que significa la llegada de "El Niño". El término "El Niño" (El Niño Jesús) fue originalmente empleado por los pescadores a lo largo de las costas de Perú y Ecuador para referirse a una corriente Oceánica cálida que hace su aparición alrededor de la Navidad y dura varios meses. En algunos años sin embargo, el agua se torna particularmente cálida y la interrupción en la temporada de pesca se extiende hasta mayo y a veces junio. A través de los años, el término "El Niño" se ha reservado para estos intervalos excepcionalmente fuertes de aguas cálidas, que no solo altera la vida normal de los pescadores sino que también trae consigo fuertes lluvias y sequías prolongadas.

Durante los últimos cuarenta años, nueve "Niños" han afectado el planeta. Los eventos fuertes como "El Niño" de 1982-83 y el de 1997-98 dejaron una profunda huella no sólo en la vida, sino en las condiciones climáticas a lo largo del mundo entero.

Como la madre que se prepara y dispone de todos los elementos para recibir a su hijo, así mismo el país debe prepararse para “El Niño” que viene, que no sabemos si será suave, medio o duro. Lo importante es esperar atentos y que no nos tome desprevenidos. Algo tiene que haber aprendido el país de “El Niño” pasado que produjo apagones y graves efectos económicos.

Se pronostican fuertes inundaciones en África, sequías en Latinoamérica y olas de frío en los Andes. Lo mejor es que estemos preparados y no se presenten traumatismos inoportunos.

Y ya preparados para recibir el fenómeno, “que sea lo que Dios quiera”.

martes, septiembre 19, 2006

¡Que embarrata!

Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com

Y como todo en la vida tiene su final, el de los Reyes no podía ser la excepción. Después de un año larguito en el que fueron los monarcas del rating, de los premios, de las portadas de revistas y de las secciones de farándula, esta producción llegó a su final... y hasta más.

El gran acierto de los realizadores y productores fue que lograron darle ese toque colombiano a la novela originariamente argentina Los Roldán para hacerla creíble en el país.

Otro punto a favor fue el talento de Enrique Carriazo, Julián Román, Diego Cadavid y Janeth Waldman. Aunque también afloraron otros como el de Constanza Camelo, Endry Cardeño y el de los ex participantes de Protagonistas de Novela Daniel Arenas y Tiberio Cruz.

Pero bueno. Hasta aquí llegan todos los elogios porque lo que se hizo con la mano se borró con el codo. Fue opinión generalizada que el final de Los Reyes fue un desastre. Sin embargo, no es la primera vez que esto pasa con producciones exitosas. O es que acaso fue muy bueno el final de Betty la Fea o el de una de las mejores producciones que se han hecho en Colombia como lo fue Punto de Giro con Alejandra Borrero, Cristina Umaña y Roberto Cano. Todas tuvieron un final decepcionante para la calidad que presentaron.

El remate de Los Reyes fue a la carrera, con adelantos de tiempo sin sentido, con ausensia de ese humor que fue su sello y dejando además cabos sueltos y situaciones sin resolver, o tal vez sí, pero en definitiva fue un final acelerado, poco creíble y aburridor.

Es más. Fue un capítulo sin comerciales. Parecía más bien una competencia a muerte con Sin tetas no hay paraíso, producción que le quitó rating en las últimas semanas.

Y qué decir de la relación entre Laisa y Emilio Iriarte. ¡Ah Bestia!. Que final tan ridículo y decepcionante. Más de un año esperando la reacción que tomaría Iriarte cuando descubriera que Laisa era realmente Raúl. Lo más triste fue que quedó la sensación de que el país – o los propios realizadores y libretistas- no estuvieran preparados para aceptar la diversidad sexual y las relaciones de este tipo y, por eso, la solución fue salirse con una escena mínima, sin mucho fondo y con exceso de fantasía, como la del carro volador.

Pero como es mejor recordar lo bueno que lo malo, en la mente de muchos de los televidentes quedarán grabados los dichos como “péguele”, “voy”, “hágale cosquilla a la tortuga”, “uno nunca, nunca se imagina”, "putas y verduras" y muchas otras situaciones que, en medio de noticieros y novelones mexicanos, nos sacaron una sonrisa y hasta nos dejaron una gran enseñanza: “uno vive más la vida, si hay amor, si hay amor”.

lunes, septiembre 11, 2006

Pensamientos revueltos para una realidad revuelta

Por Raúl Ignacio Mesa Villegas

El pasado 7 de agosto, en la posesión del segundo periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez, éste, en un discurso cargado de lirismo, pronunció una frase que hasta el momento no he podido olvidar: “Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad”. La sensación que me produjo dicha expresión, fue la de un personaje que con audacia anticipa algo que desde su interior sospecha que va a pasar.

Y esta frase la traigo a colación pues los hechos de zozobra de los últimos días son ejemplo de que las cosas no van por buen camino: la Ley de Justicia y Paz que hasta el momento no ha traído para el país ninguna de las dos, las denuncias sobre reinsertados de los cuales la sociedad todavía sospecha y relaciona con hechos de violencia ocurridos en distintas zonas del país y la presencia latente del narcotráfico que no deja avanzar en ningún proceso de paz, ni de intercambio, ni de reinserción. Porque donde hay dinero hay poder y, donde hay poder, hay desmesura. Y eso es lo que se está viviendo.

Y si no qué decir del último escándalo de altos mandos militares involucrados en falsos atentados en los cuales murieron personas inocentes, como el ocurrido el 31 de julio pasado en Bogotá donde murió un hombre que trabajaba como reciclador y 19 militares resultaron heridos. Hoy, como si se tratara de un juego, resulta que no, que todo era un montaje. En este caso los involucrados, como en muchas otras irregularidades, son Oficiales del Ejército. Habrá que esperar si esta vez no se salen con la suya y terminan frustrando los intentos de investigación y esclarecimiento de los hechos.

Pero lo que me sorprendió aún más fue el discurso del Presidente Uribe. Entrelíneas quedó la sensación de un mandatario que defiende los errores de sus militares y que trata de buscar otros responsables (los periodistas), para evitar asumir la propia responsabilidad. Es que ni siquiera se le vio una actitud de enardecimiento e indignación ante los hechos. Hay queda el interrogante.

Las inolvidables palabras de Álvaro Uribe y la situación actual del país, así suene un poco desesperanzador, hacen pensar que al final nos vamos a quedar sin el pan y sin el queso. Es decir, sin la paz y la tranquilidad pero sí con un conflicto cada vez más aberrante y desmesurado.

lunes, agosto 28, 2006

Se abren nuevas puertas en el Norte

Por Raúl Ignacio Mesa V.
nachomesa1@gmail.com


Por fin. Después de muchos años, de rumores y comentarios de cocina, el sueño se hizo realidad. En el Norte del Valle de Aburrá se abrió un centro comercia con cuatro salas de cine, 60 tiendas comerciales, zona de comida, de juegos y, además, al lado del Éxito.

Lo de las salas de cine seguro no es una novedad para las pasadas generaciones que sí les tocó la época del Teatro de Bello o del Teatro Gloria en Copacabana, que desde hace 10 años, no es más que la bodega de un almacén del parque. Pero para las nuevas generaciones y para aquellos que tanto lo anhelaban, la apertura del centro comercial Puerta del Norte es todo un suceso.

Que quede claro que esto no es “montañerada”, ni “mucho musgo”, ni nada por el estilo, no. Es el asombro ante cosas nuevas. Es es la sorpresa macondiana ante lo desconocido.

Ahora sí la gente de este lado del Área Metropolitana, una zona que por mucho tiempo estuvo condenada a la parálisis en materia de desarrollo, vuelve a revivir y a tomar un nuevo aire. No es sino ver cómo en las antiguas mangas de Niquía ahora se alzan casitas igualitas, con sus ladrillos naranjados desnudos que contrastan con el verde de las montañas. Ver cómo lo que antes eran dos simples vías ahora se transforma en una verdadera autopista –dirán algunos que eso ya debería estar hecho desde hace años pero así somos en Colombia- que a propósito está semana abrirá un tramo de kilómetro y medio más.

No se puede negar que tales mejoras se vienen dando desde que almacenes Éxito decidió apostarle a esta zona que estaba un poco olvidada, en lo que se refiere a espacios de entretenimiento. Con razón muchos la veían como un sector rural. ¿De Copacabana?, se preguntan las personas asombradas cuando les digo donde vivo. Para ellos esto es un pueblo, una montaña, un “morro”, como diría una amiga. Y sí, puede que sea todo eso, pero la tranquilidad en la que se vive es lo que hace que no den ganas de irse para otro lado.

Además, esta zona cuenta con grades empresa para la región y el país. ¿Quién en su casa no ha tenido así sea una olla marca Imusa o algún electrodoméstico con el sello de Haceb, o alguna vez no ha oído hablar de la pujanza de Enka de Colombia?

Ahora estos pueblos del Norte van a tener con qué practicar uno de los deportes preferidos del paisa: “chicanear”. Porque además de este nuevo centro comercial, es casi una realidad la construcción de un parque comercial al estilo de los que en el Sur disfrutan desde hace varios años.

Y aunque lo anterior pueda parecer una apología al consumo, pues no. Más bien es una apología al entretenimiento, a la diversión y a los espacios agradables que tanta falta hacían por estas tierras.

miércoles, agosto 23, 2006

Dos mujeres para sacarse el sombrero

Daguerrotipo de Emily Dickinson en 1846-47 (Amherst College)

Hace algunos días presencié por cuarta vez, acompañado de casi 300 personas, una obra que es imposible no repetirla. En una sala oscura, con sillas incomodas pero organizadas y algunos zancudos buscando brazos y piernas descubiertos, apareció ella. Vestida de blanco nupcial salió hablando de la torta negra de la Nueva Inglaterra. Un poco tímida se presentó ante el público: “Mi nombre es Emily Elizabeth Dickinson”: “la poeta recluta”, “la monja de Amherst”, “la bella de Amherst”… la bella Emily.

En el Pequeño Teatro – que cada día está más grande-, bajo la dirección de otro loco, Rodrigo Saldarriaga, con textos de William Luce, se presentó la obra Emily, la bella de Amherst, basada en la vida y obra, cartas y poemas de esta poetisa norteamericana, una de las grandes figuras de la literatura del siglo XIX.

Esta mujer, nacida en 1830 en Amherst, Massachussets, en una familia puritana y religiosa, con dos hermanos (Austin, el mayor y Lavinia, la menor), que empezó a escribir poemas a los 20 años y que luego intensificó a los treinta cuando decidió encerrarse en su casa Homestead, o más bien en su habitación, y vestir solo de blanco, cultivó en vida y sin el interés de publicaciones, una prosa corta pero de largo aliento, de pocas palabras pero las exactas, de pensamientos sencillos pero sensibles, inteligentes y profundos. Como éste: “Soy nadie. ¿Tú quién eres? ¿Eres tú también nadie? Ya somos dos entonces. No lo digas: lo contarían, sabes”. “En los poemas de Emily Dickinson, cada verso equivale a varias páginas de una novela”[1].

Y si Emily hizo historia con su poesía simple y concreta, Omaira Rodríguez, la que presta su cuerpo, su voz, sus sentimientos, su memoria y todo su talento para interpretarla durante hora y veinte minutos, sola en el escenario, también la está haciendo. Es imposible no emocionarse ante una actuación tan sentida, tan sobrecogedora y hasta graciosa. La oportunidad para ver una verdadera actriz. No salida de un reallity, una pasarela, una sección de farándula o acabada de bajar de un avión de Cartagena, no. Una actriz que alcanzó su madurez en las tablas de un Pequeño Teatro en obras como Madre coraje y sus hijos de Bertolt Brecht, A la diestra de Dios Padre de Enrique Buenaventura o Medea de Jean Anouilh. Pero uno definitivamente se enamora de ella cuando personifica a la “señorita Dickinson”.

Esta obra es perfecta para aquellos que las palabras son su herramienta principal de trabajo y de las cuales Emily pensaba: “Una palabra muere cuando es dicha, dicen. Yo digo que recién empieza a vivir ese día”. “Hay palabras ante las cuales me saco el sombrero cuando las veo sentadas en una página”. Y, según varios estudios de su poesía, talvez se sacaba el sombrero ante palabras tan cotidianas como día, vida, ojo, sol, hombre y cielo (todas ellas monosílabos en ingles, excepto la última) ya que las usaba mucho en sus escritos.

Esta reflexión si le cae como anillo al dedo a los periodistas: “Tenemos que ser cuidadosos con lo que decimos. Nunca un pájaro vuelve a ser huevo”. Una frase que debería inscribirse en todo manual de periodismo.

Emily Dickinson murió el 15 de mayo de 1886 – cumplió este año su bicentenario- y solo un tiempo después su hermana Lavinia, Vinnie, descubrió ocultos en su habitación 40 volúmenes encuadernados a mano, que contenían la parte sustancial de la obra de Emily: más de 800 poemas nunca publicados ni vistos por nadie. En su tumba está marcado su epitafio que dice: “Me llaman”. Este artículo es una invitación para cuando la bella de Amherst vuelva a revivir en un Pequeño Teatro del centro de Medellín vamos a buscarla para escuchar sus palabras, para reír y llorar con sus historias, para ver una actuación impecable y poder así “sacarnos el sombrero”.

Omaira Rodríguez representa a Emily Dickinson en el Pequeño Teatro


[1] Gómez Vera, Gabriela. Aproximaciones a “What Inn Is This” y la Poética de Emily Dickinson. En: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/whatinn.html

miércoles, agosto 09, 2006

Recomendaciones para cuando Juanes cuelgue la camisa negra


Juanes, que por estos días termina la gira de conciertos del tour Mi Sangre, luego de dos años de intenso trabajo en tres continentes -169 conciertos en 31 países-, anunció que se tomará un año sabático y regresará a Medellín a buscar las musas para su nuevo disco, dedicarle más tiempo a su familia y a su fundación “Mi Sangre” que apoya a las víctimas de las minas antipersonales.

Aprovechando la visita del artista antioqueño y su presencia en el país, a continuación le presento algunas recomendaciones, ahora que le dio por colgar la camisa negra.

La primera es que si en este tiempo de interrupción le da por prender el televisor y encarretarse con alguna telenovela, hay una que pinta bueno y la transmiten en los noticieros y hasta sacan algunos capítulos en los periódicos. Es una novela de esas con un principio apasionante, indescifrable y controversial; que tiende a terminarse rápido y, como muchas cosas en este país, a olvidarse vertiginosamente. Unos la llaman “La bella, el capo y el reo” y otros “Monólogos de la Virginia”. En esta producción se muestra cómo la realidad del país, a la que usted tanto le ha cantado, es tan folletinesca como cualquier escrito literario.

Si de pronto, imagino, en algún momento se le ocurre recorrer la ciudad o los pueblos cercanos en una especie de búsqueda de inspiración, por favor no lo vaya a hacer en moto. Es evidente que últimamente en la ciudad estás pululan y esto ha creado una cierta “motofobia”: “prohibido llevar barrilleros, prohibida la circulación en la noche”; como si todos los motociclistas fueran malos, bandidos, sicarios o “pillos”.

Usted Juanes, un hombre tan comprometido con la realidad social, debería componerle a los hombres que maltratan a las mujeres, asunto que por estos días es tema de moda en los medios de comunicación y tal parece que es una práctica cotidiana en los hogares colombianos – si es que donde hay violencia se le puede llamar hogar -. Yo sé que una canción no puede cambiar tal situación – sino mire usted como le ha cantado a los secuestrados y hasta hora el intercambio humanitario está como envolatado - pero al menos las mujeres que la padezcan podrán tener una canción para dedicarles a sus infames maridos.

Si piensa comprar otra camisa, tenga en cuenta que este tipo de artículos están gravados con un 16% de IVA. Si, bueno, puede que para usted esto no signifique nada, pero piense un momento en las personas que ganan el mínimo y deben estirar sus salarios paran pagar servicios, arriendo, mercado, colegio, pasajes, etc., etc.…

Finalmente, para que su estadía aquí no sea tan aburrida, dedíquese, como lo ha dicho en varias entrevistas, a sembrar plantas y árboles y por ahí derecho aproveche para pensar qué es lo que va a hacer cuando cumpla los 40 años, según los vaticinios de la pitonisa japonesa Kazuko Hosok. Y si la vuelve a ver, pregúntele cuál es el pronóstico para el país de sus canciones.


Foto bajada de: www.elheraldo.hn/fotos/48443.jpg

domingo, julio 30, 2006

Tiempos de incertidumbre


Los hechos y las informaciones de los últimos días en Colombia y el mundo son muestra de que vivimos tiempos de incertidumbre, de zozobra. La guerra en el Líbano que se resiste a las mediaciones de la diplomacia global, el vecino presidente Chávez armándose en Rusia y aprovechando cualquier oportunidad para lanzar pullas al Norte buscando que por estas tierras la situación se parezca a la del Medio Oriente. ¿Qué más produce la guerra sino es destrucción, deseos de venganza e incertidumbre?

En Colombia las declaraciones de Virginia Vallejo contra Alberto Santofimio en el caso del asesinato de Luis Carlos Galán han dividido al país entre los que creen en su testimonio y los que consideran que son simples anécdotas con fines lucrativos. Por otro lado, el tema de la reforma tributaria, importante para el bolsillo de los colombianos, los medios lo han tratado poco y más bien lo han disimulado con reinados y realities, dejando en los ciudadanos más preguntas que certezas. Y ni hablar del proceso de paz con las AUC, todo un escenario sin pies ni cabeza. ¿Cómo no sentir incertidumbre ante verdades a medias – o sea mentiras -, silencios informativos y poco debate?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la incertidumbre como “la falta de certeza”, es decir, de “conocimiento seguro y claro de algo”. Con el anterior panorama no es difícil darse cuenta que hoy de eso carecemos.

Ahora en nuestra ciudad se inicia una nueva versión de la Feria de las Flores. Porque aquí ante la incertidumbre, la fiesta. Por algo somos el segundo país más feliz del mundo, ¿o el 34?.

jueves, julio 27, 2006

Bienvenida

Qué más: Bienvenidos a mi experimento de blog.
Soy estudiante de VIII semestre de Comunicaciòn Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín, Colombia).
En este espacio, y como ejercicio de clase, publicaré artículos de opinión sobre temas de actualidad. Como son opiniónes no espero que les guste sino que las toleren y respeten.
También publicaré otro tipo de artículos, ideas, pensamientos o simplemente bobadas que se me
ocurran, pero el fuerte de este blog serán los artículos de opinión para la clase de Periodismo VI.
Chao entonces.